El archivo completo de mi blog: autoestima, maternidad consciente, niña interior, vínculos, desarrollo personal y herramientas para vivir con más calma.
En el universo de la crianza consciente, existe un malentendido frecuente: la idea de que acompañar el mundo emocional de los niños implica erradicar los límites. Nada más lejos de la realidad.
Estoy en clase con mis compañeras/os, nos conocemos desde hace tiempo y me siento a su lado, pero no participo, solo observo. Estoy con ellas/os, pero me siento sola/o. Creo que no encajo con nadie.
Tu valía nunca esta en juego, aunque vivas en una ilusión donde te cuentas que hay cosas que te quitan o te añaden valor. Cuando alguien te critica, etiqueta, juzga, reprocha…
Muchas personas han tenido muy malas experiencias con sus madres. Han vivido formas de relacionarse en las que han sentido mucho dolor, ven que sus madres tienen formas muy poco sanas de funcionar… y en ocasiones se descubren haciendo lo mismo que ellas.
Llevaba ya un tiempo sintiendo que no me gustaba mi trabajo ni las condiciones. Todos los días me parecían iguales, ya no disfrutaba y sentía tristeza cuando llegaba el momento de ir a trabajar.
Aprender a detectar los juicios. A veces es muy sutil, parece que el otro está ejerciendo el derecho a expresarse, a hablar de lo que siente, pero entre medias se cuelan acusaciones y juicios.
La mañana del 24 de Noviembre de hace justo un año, tenía yo a mi segundo hijo por primera vez en brazos. La tarde de antes la pasé en casa con Julia haciendo natillas y jugando, entre contracción y contracción.
¿Te suele ocurrir que prefieres no decir lo que realmente piensas por si alguien no está de acuerdo? ¿No pones límites a esa persona porque sabes que ‘te la va a liar’?
Hay una niña mirando a su madre, en lugar de ser la madre la que mira a la niña. La atención se centra en las necesidades de la madre y la madre en recibir.
Hay un tipo de agresión más sutil que los gritos o los insultos. Cuando alguien se comporta de esta manera con nosotras/os tenemos claro que nos están agrediendo y generalmente nos vamos a defender.
Mis acciones afectan a los demás, igual que las acciones de los demás me afectan a mí. No vivimos solos en el mundo, nos relacionamos unos con otros y estas interacciones tienen consecuencias.
Una mujer sabia habita en todas nosotras. Ella sabe. Ella tiene los mapas para guiarnos por el mejor camino. Cuando nos toma de la mano y nos guía nos sentimos seguras y tranquilas.
Cuando tenemos un bebé de meses que intenta hacer algo que no queremos que haga, por ejemplo, tocar un enchufe, no solemos enfadarnos si intenta tocarlo cien veces.
Me encuentro con mujeres a las que no les sirve lo que reciben de sus parejas cuando son ellas las que han tenido que pedirlo. Tienen la creencia de que «lo bueno» es que la iniciativa salga de sus parejas.
Como regla general yo te diría que no, que si a tu hij@ le pasa algo, está enfadad@, frustrad@, triste… le dejes un espacio para sentir lo que sea que le esté pasando.
Hoy estoy resfriada y mi pareja se ha ido con Julia al pueblo de sus padres para dejarme descansar, cosa que agradezco mucho, porque desde que soy mamá son pocos los espacios que tengo solo para mí.
El otro día quedé a comer con un grupo de personas. En Murcia ya hace mucho calor, digamos treinta y bastantes grados, y a medio día ya cuesta ir andando por la calle.
A mí me ocurría en mi trabajo muchas veces. Confundía lo que hacía con lo que era. Tenía la loca idea que «valgo según mi desempeño, mi rapidez y mi buen hacer».
Cuando no tenemos paz no estamos disponibles para nuestros hijos. Ayer estaba con un tema en la cabeza. Un tema no resuelto que me estaba quitando la paz.
Hemos integrado el juicio como una parte más de nuestras vidas, sin ser conscientes del daño que nos hace. Juzgamos a los demás y también nos juzgamos a nosotras mismas, constantemente.
¿Cómo podemos enfrentarnos a las situaciones difíciles? ¿Qué podemos hacer ante aquellas situaciones que nos pone la vida delante y que no podemos cambiar?
Las hijas nunca somos culpables (ni siquiera responsables) de la infelicidad de nuestros padres. El caso es que desde que éramos bien pequeñas, nos han educado de una manera que nos ha hecho sentir culpables.
CulpabilidadGestión de emocionesMaternidad consciente
Antes de hacernos mayores, cuando hemos sido niñas, todas hemos tenido momentos en que lo hemos pasado mal. Bien por circunstancias externas o bien por situaciones que han pasado en nuestra propia casa.
El otro día mi pareja me expresó algo que le había sentado mal. Estaba enfadado y su tono me resultaba duro. Entonces me ocurrió que me sentí como una niña pequeña a la que estaban riñendo.
Me levanto temprano para meditar, para hacer ejercicio, luego trabajo, la comida se queda hecha la noche anterior, antes de comer pongo una lavadora, por la noche la recojo…
Muchas personas hemos tenido o tenemos sentimientos de soledad en algún momento de nuestras vidas. Creemos que somos nosotras las únicas que vivimos sintiéndonos así.
¿Sientes a menudo miedo a molestar? Si sientes miedo a molestar, seguramente te va a costar pedir lo que necesitas, y te va a resultar más complicado satisfacer tus propias necesidades.
Es importante que validemos aquello que les pasa, aquello que sienten. Ellos tienen derecho a sentir como sienten, tienen derecho a enfadarse, a frustrarse, a ponerse tristes.
En uno de los talleres de Gestalt de mi formación, la terapeuta dijo «Si no le damos espacio a lo que nos pasa, nos vamos a pasar la vida huyendo de nosotros mismas.»
Aprende a QuererteDesarrollo personalGestión de emociones
Cuando no tenemos cubiertas nuestras necesidades, no podemos ver las necesidades de los demás. Nos pasa con nuestros hijos, pero también nos pasa con el resto de la gente.
Hoy quiero hablarte de las madres sacrificadas y para ello te voy a contar una pequeña historia: Había una vez una mujer que quería lo mejor para su hija.
Seguro que te ha pasado que alguien te está diciendo algo, pero a ti no te llega, no terminas de creerlo porque hay muchas señales que te indican lo contrario.
Entre las cosas que nos ocurren cuando nos hacemos adultas y maduramos, es que dejamos de mirar a papá y a mamá, y nos atrevemos a hacer nuestra propia vida.
De vez en cuando se me ocurren mis propios métodos de auto-ayuda, cosas que a mí me sirven en mi día a día, y que, aunque inspirada por distintas fuentes, tienen mi toque personal.
AutocuidadoDesarrollo personalTrucos para Vivir Mejor
¿Sientes que tu mente nunca descansa? ¿Te pasas el día anticipando problemas que aún no han ocurrido? Vivir con una preocupación constante es como caminar con una mochila llena de piedras.
Todas queremos tener la autoestima alta, porque la asociamos con mayor bienestar y con mayor felicidad. Todas queremos sentirnos bien con nosotras mismas.
Tú sacas el tema, tú decides de qué quieres que hablemos en cada sesión. Es tu sesión y tú decides de qué tema necesitas hablar, qué hay ahora mismo en primer plano en tu vida.
Recuerdo una de las primeras veces que fui a terapia, después de contarle yo a mi terapeuta algo que ahora mismo ni recuerdo, ella me dijo algo como «imagínate que formas parte de una orquesta».
Hablamos mucho del autocuidado, y en este aspecto nos centramos en cubrir nuestras necesidades básicas (comer mejor, descansar más…) y muchas veces nos olvidamos de otras muchas facetas.
Yo, que me dedico a hablar de ACEPTACIÓN, que acabo de hacer un reto gratuito sobre la aceptación de nosotras mismas y de lo que nos trae la vida… yo, sigo encontrando aspectos en mi vida que no estoy aceptando.
¿Expresas normalmente tus opiniones? Si creo que lo que pienso es interesante, que aporto con ello a los demás, seguramente expresaré mis opiniones con regularidad.
Muchas veces he oído que lo que crees, creas… y yo estoy convencida de que es así, pero no por arte de magia, sino por mi energía, mi lenguaje verbal y no verbal.
Cuando sentimos miedo podemos hacer dos cosas: dejarnos llevar por él, o atravesarlo. Entonces es cuando nos paralizamos y dejamos de hacer aquellas cosas que queremos hacer.
Ayer tenía un examen en Cartagena y tuve que coger el coche para ir a hacerlo. Mientras conducía me di cuenta de lo agradable que me resulta a ratos, cuando pongo conciencia, el estar conmigo misma.
Todas somos falibles. Todas. Lo relevante no es que cometamos errores, porque esto va a ocurrir antes o después, sino lo que nos pasa y lo que hacemos cuando cometemos un error.
Alguien nos hace una pregunta, nos desafía o critica de alguna manera… y en este preciso momento, si pusiéramos consciencia a nuestro cuerpo, sentiríamos algún tipo de incomodidad.
A algunas mujeres nos pasa que tenemos miedo a manifestarnos. Es una sensación bastante inconsciente, que suele pasarnos desapercibida hasta a nosotras mismas.
A veces nos pasa que estamos escuchando a alguien y es verdad que queremos escuchar a esa persona pero también es verdad que mientras escuchamos sentimos cierta inquietud o impaciencia por que acabe ya.
Nuestro diálogo interno tiene el poder de hacernos sentir bien o mal. Nos hace sentir bien si nos auto-reforzamos, nos tratamos amablemente, con amor y con respeto.
Cuando hablo tan flojo que casi no se me oye, cuando no me atrevo a expresar una opinión por miedo a que no estén de acuerdo, cuando intento modificar mi forma de ser para agradar a los demás…
Es un espacio de reunión con otras mujeres, donde olvidarte de las prisas de la vida cotidiana y pararte a escuchar qué te pasa, cuáles son tus necesidades y tus emociones.